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Espeleobarranquismo

 

En el oriente de Asturias nace una nueva especialidad de aventura que mezcla a partes iguales la emoción del rápel, propio de los cañones, con las asombrosas rutas subterráneas hasta ahora en manos de la espeleología. “Espeleobarranquismo” es un nombre largo y compuesto que combina muchas sensaciones

duraderas, pues los que se deciden a practicarlo no olvidan fácilmente la experiencia.


Asturias disfruta de una de las mayores densidades de cavidades y simas de toda Europa. Una parte sustancial del Principado se compone de roquedos calizos sobre los que se han desarrollado importantes entramados kársticos. Es por esto que la nueva modalidad de deporte de aventura tiene el futuro garantizado, y que algunas empresas de turismo activo, como Rumbo a Picos, se hayan decidido a delimitar circuitos y especializarse en esta nueva aventura. Estamos en buenas manos, así que decidirse por el espeleobarranquismo es una opción segura y al alcance de cualquiera que disponga de un mínimo de forma física.

 

Sabido es que las aguas de lluvia penetran por las fracturas de la roca, la disuelven a modo simas verticales, y galerías horizontales que funcionan como colectores naturales. A lo largo de los siglos en las cuevas asturianas se han formado pisos a diferentes niveles, auténticos ríos interiores por los que podemos disfrutar de saltos de agua y deslizantes que nada tienen que envidiar a los parques acuáticos artificiales. Formaciones de gran belleza a las que acompañan las ya clásicas estalactitas y estalagmitas, terrazas cavernícolas, coladas, estrechos conductos y grandes salas. Un auténtico paraíso que se descubre en todo su esplendor cuando nos enfundamos los trajes de neopreno para atrevernos con las cascadas, los toboganes y las marmitas.

 

Los cañones subterráneos son formados por ríos hipógeos (esto es, ríos que discurren por el subsuelo) a los que sólo es posible acceder tras una buena caminata espeleológica. En circunstancias favorables estos cañones se comunican con el exterior, tanto al comienzo como al final del tramo, lo que nos permite afrontarlos con técnicas habituales de barranquismo.

 

En Asturias encontramos ríos de esta especie: se sumen por una cueva y atraviesan la montaña generando en el interior de la misma todas las morfologías propias de los barrancos, para salir de nuevo a la luz del exterior por otra boca inferior.

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