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Los bufones de Llanes

La costa asturiana depara sorpresas constantemente, como los llamados bufones: un auténtico gozo para los sentidos. Se escucha el mar respirar, bramar, lo vemos saltar por encima de nuestras cabezas en una nube de gotas ínfimas, con un resoplido o bufido final que resulta estremecedor y que hace vibrar los

acantilados bajo nuestros pies.


Estos saltos de agua son algo distinto a la acción típica del mar rompiendo en grandes olas contra la costa. En este caso, el agua aprovecha chimeneas bien definidas y grietas de la caliza para salir a borbotones a la superficie imitando a los géisers, formando surtidores que pueden alcanzar más de veinte metros de altura.

Este fenómeno despliega toda su fuerza cuando el Cantábrico está bravío. La combinación de la pleamar con marejada es la mejor de las opciones para ver los bufones en todo su esplendor. En estas ocasiones, sin embargo, hemos de mostrarnos nada temerarios y muy respetuosos, observando el espectáculo a una prudente distancia. El peligro es real si nos acercamos demasiado, ya que la fuerza del chorro puede arrastrar a un hombre.

Si la mar está en calma, los respiraderos se limitan a expulsar aire, pero en los días de fuerte marejada los bufones se transforman en un espectáculo que produce admiración y temor. Los hondos quejidos del Bramadoriu, como se denominan localmente, se dejan oír a kilómetros de distancia. Un estruendo natural que tradicionalmente se ha utilizado como indicador metereológico: “Cuando sientas sonar el pozo Pría, coge leña para otro día”.

La imagen única de estos susrtidores sólo puede disfrutarse en zonas bien localizadas del litoral de Llanes. En estos lugares de la rasa costera se dan unas características geológicas poco corrientes. La formación de los bufones se basa en la disgregación de la roca caliza, su disolución en contacto con el agua de lluvia que penetra por pequeñas fracturas hasta el nivel del mar. La acción erosiva del oleaje favorece el agrandamiento de estas cavidades originales. Con el paso del tiempo llega a formarse una cueva en comunicación con el conducto vertical. Las olas hacen que el aire o el agua que se acumula en la cueva se compriman y salgan a gran presión al exterior.

En Llanes encontraremos varios campos de bufones, aunque sólo tres han sido declarados Monumento Natural:

El de Arenillas se sitúa en las inmediaciones del pueblo de Puertas de Vidiago, a algo menos de un kilómetro de esta aldea. El recorrido es fácil desde una senda que parte del mismo pueblo. Al borde del acantilado disfrutaremos de una de las vistas más hermosas del litoral de Llanes y de un buen número de bufones.

El de Santiuste se sitúa en la proximidad del Castro de Santiuste. El acceso se realiza desde la N-634, dejando el vehículo a unos 3 km de la localidad de Buelna, donde tomamos un camino que alcanza los acantilados 500 metros más allá. Los saltos de agua en esta zona presumen de ser los más espectaculares.

Bufones de Llames. Desde la aldea de Llames tomamos el camino asfaltado que lleva hasta la playa de Guadamía, una playa prácticamente fluvial. Desde ella se toma un sendero hacia la derecha que nos conduce a un extenso campo de bufones y a una magnífica panorámica de la costa oriental de Asturias.

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