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La sierra del Sueve

Este es un lugar privilegiado, de gran belleza. La flora no va a la zaga de la fauna y se observa en los alrededores importantes manchas forestales autóctonas, con bosques ribereños de sauces, álamos y alisos, y, en las zonas más altas, bosques de robles, castaños, avellanos, arces, fresnos y hayas.

Incluso un pequeño bosque de tejos, el árbol que daba sombra a los antiguos druidas. La foresta destaca por su belleza y eso que las laderas de la sierra han sufrido un acusado proceso de deforestación ligado al uso ganadero de la zona.


La sierra del Sueve, a sólo 4 km de la costa de Colunga, se levanta sobre el nivel del mar por encima de los 1.100 metros, en concreto su cota máxima llega hasta los 1.159 metros: El Picu Pienzu. La cota más alta y más cercana al mar de todo el litoral asturiano. Llegar a esta cima, asequible para cualquier excursionista, es alcanzar una de las mejores panorámicas de todo el Cantábrico.

De frente, el mar, una gran franja de litoral que prácticamente abarca toda la zona oriental de la región. Es lo más parecido a una vista aérea. Detrás nuestro se descubren imponentes los Picos de Europa. Los observamos desde una perspectiva amplia, garantizada por la altitud a la que nos encontramos.

En la misma sierra, espacio protegido de 81 Km. cuadrados de extensión, podemos llegar a tropezarnos con una manada de gamos pastando en las inmediaciones. Y es que si hay suerte, el Sueve se convierte en un inesperado observatorio de fauna salvaje. También andan por aquí los famosos asturcones, uno de los caballos más antiguos y puros del mundo del que se tienen referencias históricas que se remontan 2.000 años atrás. Es una raza única, con un vigor desproporcionado a su tamaño (una alzada de 1,25 m. de media), fuerte constitución y pelaje oscuro. Tienen orígenes celtas, e igual que en sus primeros estadios de desarrollo viven salvajes por esta sierra. Antiguamente eran muy apreciados por los guerreros, ya que garantizaban una agilidad sorprendente. Su fama llegó a toda Europa y fue exportados a otras tierras altas, incluidos los Alpes.

Estos montes del Sueve fueron en su día el último reducto de una yeguada de asturcones. Solamente el esfuerzo de algunos criadores junto con la creciente conciencia de la necesidad de preservar esta raza permitió su recuperación. En los años 70 su número se reducía a 40 ejemplares. Cada año durante el mes de agosto se marcan en la Majada d’Espineres (el acceso está en el Alto de La Llama) todos los potros a fuego con la inicial de su propietario y se intenta domar a uno de los adultos. Lo que antes era cosa de ganaderos, hoy en día es una gran fiesta declarada de Interés Turístico Regional: La fiesta del Asturcón.

Las aves rapaces también se dejan ver en el aire, completando un espectacular escenario de vida salvaje por tierra y aire. La cabaña ganadera, vacas, cabras, ovejas, caballos y potros comparten el espacio de las laderas del Sueve. .

Lo mejor para llegar a lo más alto es acercarse al Mirador del Fitu. Una atalaya que ya de por sí nos maravillará por sus espectaculares vistas de la Cordillera Cantábrica. Desde allí mismo divisimaos de un golpe de vista los concejos de Colunga, Caravia, Villaviciosa, Ribadesella y Llanes, así que imagínense lo que se puede ver desde un poco más arriba. Ir y volver al picu Pienzu supondrá 5 horas aproximadas de caminata, que se hacen un poco más duras en el último tramo de acceso a lo más alto. Desde el Fito la ruta aparece claramente trazada. El camino nos conduce a una majada conocida como “EL Bustacu”. A partir de este punto es cuando el caminar se hace más costoso, pero nada que no se pueda superar con agua en las cantimploras y algún reconstituyente.

Toda la sierra se encuentra un tanto aislada del paisaje montañoso de Asturias gracias al límite que en torno suyo ha dibujado la vega del Sella. Y por eso no deja de ser particularmente peculiar y sorprendente. Destaca por su constitución de caliza, y a sus pies se funde con las rasas costeras.

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